"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

jueves, 24 de febrero de 2011

Porra Capone

César y Capone

En México es común que la gente trate de realizar siempre el mínimo para que algo funcione. Y si funcionan, cambiar las cosas queda fuera de toda contemplación. Buscar comprar el más barato es legítimo, también tratar de economizar materiales de una estructura (calculando bien que resista lo que debe), pero evitar el cambio por apatía pura da pena.

Basta ver un poco de ánime japonés para notar esa actitud de dar al máximo en lo que sea que uno haga. Por supuesto que habrá quienes allá prefieran la apatía y quienes acá prefieran esmerarse, pero debe ser un honor que sea parte de la "cultura" de uno. Yo, en cambio, no soy quién para pedir a otros que se esmeren, pero  aprendí de todo un maestro, y por eso es parte de mi vida.

Todos los hámsters acomodan las cosas de su casa: la comida, el baño, la cama... pero Capone lo hacía poniendo todo de su parte. Corría, mordía y cambiaba cosas de lugar a la mayor velocidad posible, llevando tanto como le cabía en las reservas de sus mejillas y cuando atacaba, lo hacía con todo su poder.

-¿Quiere usted una camita de aserrín? ¿un bañito de aserrín? ¡Nosotros lo hacemos!- era lo que yo suponía que él hubiera dicho. Y seguramente lo hubiera dicho rápido entre una actividad y otra. Verlo trabajar con tal esmero era motivante y contagioso, de ahí que le inventara también una porra [cosa verdaderamente rara en mí], misma que ahora (a un año de su fallecimiento) sigo utilizando.

En la foto pueden ver al maestro de motivación, metido en el bolsillo de una camisa. [Gracias, César, por posar con él]. Era gris con una línea negra en la espalda, de la cabeza a la cola, con elegantes bigotes blancos que contrastaban muy bien y siempre muy acicalado. Esa elegancia le ganó el nombre de Capone H. (la "H" es de hámster).

La Porra Capone aplica sólo para quienes intentan más allá de lo necesario, para quienes corren por el puro gusto de llegar más rápido (aunque nadie más lo note) y de llegar a la cama sabiendo que el día rindió cuanto pudo y que el insomnio no tiene oportunidad.

Siendo un poco [ji, un poco] hiperactiva, saben que tiendo a hacer todo rápido y a tratar de que mi trabajo tenga la mejor calidad que me sea posible. Como no soy perfecta, aún así a veces meto la pata y en muchas sólo yo noto cuando consigo una mejora trascendental. Me alegra no esmerarme por el prestigio, sino por puro gusto y terminar con una Porra Capone es un verdadero placer.

6 comentarios:

  1. muchas porras capone para ti... y bueno, cual es la porra caponeeee?

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  2. Ya puse una entrada al respecto, con la explicación de Capone H. y su porra. Para hallarla rápidamente puedes buscarla en las etiquetas de abajo. La porra Capone es esa es la que me emociono como demente y grito: ¡Capooone! ¡Capone! ¡Capooone!. No lleva mucha creatividad en el texto, lo sé.

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  3. jajaja ya relei la entrada y aparece la explicacion de la porra capone pero en si la porra no esta, lo bueno es que ya la pusiste en la respuesta anterior.

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  4. ji, es que en el momento pensé que la porra no estaba tan interesante como la historia.

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  5. Alejandra Velasco11 de marzo de 2011, 7:48

    estos animales nos enseñan que los humanos en vez de trabajar y ser felices nos complicamos la vida

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  6. Aquí diré que yo disfruto mucho que la vida sea complicada. Es parte del reto. Por eso me gusta tanto la política y por eso no hubiera preferido medir 90-60-90 con 1.80 de altura, ni ser varón. Capone tampoco tenía necesidad de remodelar su casita, pero cómo le gustaba.

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