"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

domingo, 26 de junio de 2011

El árbol sin fronda (parte 3)

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De un tiempo acá, en la enorme Ciudad de México, empezaron los anuncios sobre cómo prevenir la insolación y el "golpe de calor". Resulta que las personas no están acostumbradas a caminar bajo el sol durante demasiado tiempo, y sin árboles que lo cubran a uno al caminar por las banquetas, el calor llega a ser devastador. Se aconseja tomar muchos líquidos para no deshidratarse, no exponerse al sol cuando está al máximo y a la primera señal de dolor de cabeza, mareo o síntoma parecido, buscar bajar la temperatura antes de que suceda algo grave.

Hay productos milagro que aseguran evitar el cáncer de piel porque tienen un alto factor de protección solar (FPS), y otros que ayudan a aclarar la piel [porque en México el trato que a uno le dan mejora conforme la piel sea más clara, así como en otros países lo mejor es estar bronceado, aunque no lo crean]. ¿Cómo no broncearse cuando el sol se encuentra justo sobre nosotros y recorremos varias cuadras sin sombra a la vista?

Pregunté al administrador de mi colonia por qué mutilaron los árboles que daban sombra a la entrada, y me dijo que piensan tener arbustos bajos (es decir, mutilar lo que se pase de la altura de un arbusto), porque había maleantes que aprovechaban las frondas para esconderse detrás y asaltar a los que pasaban. No lo sé, yo he pasado por allí ya después de medianoche y nunca he tenido problema, pero como la cuestión de inseguridad ha despertado hasta las paranoias más moderadas, no hay razonamiento que pueda oponerse. Las frondas tenían que irse, con todo y su preciosa sombra, aunque para ello tuvieran que mutilar troncos hasta de unos seis centímetros de diámetro.

Por ahora sólo pude explicarle que yo vivo aquí por los árboles, y es cierto. Al buscar departamento, lo primero que veía eran las áreas verdes. Me gusta una unidad en la que los árboles son más altos que los edificios mismos. Me gusta entrar corriendo en plena lluvia o sudando agobiada después de un par de cuadras soleadas y encontrarme de pronto aliviada al amparo de las frondas. Me hace sentir que también forma parte de mi hogar, y que apenas me cubran, yo ya estoy en casa.

Así pensando, muy cerca de mi colonia, me encontré con el poste que ven en la foto. Está grafiteado, tiene un par de anuncios pegados y está algo chueco. En la parte de abajo la basura se esconde entre las flores de colores. Están a salvo, me digo, mientras no sobrepasen la altura de un arbusto.

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