"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

miércoles, 24 de agosto de 2011

Desaparecidos

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Entre mi borrosa memoria de noticias y acontecimientos importantes, hay un recuerdo que me viene a la mente cada que pienso en migrantes, secuestrados y las víctimas de la guerra mexicana. Se trata de la captura de un señor apodado "el Pozolero" [a fines de enero de 2009, si la veloz búsqueda en internet no me falla]. El tipo se hizo fama porque cuando lo capturaron confesó haber deshecho más de 300 cuerpos en ácido, aunque en ese tiempo se subrayó que los cuerpos "eran de narcos", es decir, que eran enemigos o deudores de su grupo criminal.

Esta idea de subrayar que no se trataba de "civiles" o de "inocentes" fue usada por muchos años para restarles importancia a los asesinatos. Según la idea del gobierno [de acuerdo a muchísimas declaraciones], de los 50,000 asesinatos contabilizados en lo que va de la guerra, sólo una pequeña minoría han sido "inocentes" [también llamados "daños colaterales", de manera estúpida e irrespetuosa]. Los demás "tenían nexos con el crimen organizado", es decir, leyendo entre líneas: no se investigarán porque eran de los malos.

Una cosa son los 50,000 asesinatos cometidos, y es un asunto grave. Sin embargo, hay otra cifra espantosa que se esconde detrás de esta y que no termina de definirse: la cifra de desaparecidos o "levantados". Algunos iban en un tren, tratando de llegar a la frontera de Estados Unidos, llamaron a su familia desde México... y luego no volvieron a llamar. Algunas salieron a buscar trabajo y jamás volvieron. Otros fueron recogidos en sus propias casas ["levantados", según nuestro nuevo vocabulario de la guerra] y hasta allí se supo.

Los desaparecidos podrían estar muertos, ... podrían haber sido atrapados por las redes de trata, ... o podrían estar trabajando para las organizaciones del narcotráfico (bajo amenaza de muerte). Los desaparecidos tienen en alguna parte a alguien que recuerda su ausencia, a alguien que repite -¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!- y a alguien que prefiere no hacerse ilusiones. Los desaparecidos eran periodistas, migrantes, alcaldes, mujeres jóvenes y bonitas, comerciantes que recorrían las carreteras, etc.

Sólo por mencionar algunos, vuelvo al buscador y escribo: "levantado domicilio" en la búsqueda de noticias. Aparece: "[hace 8 horas] Levantan a periodista en Culiacán, Sinaloa". Leo el artículo rápidamente [el link lo dejo aquí] y explica cómo fue que "sujetos armados" llegaron a bordo de tres camionetas y se llevaron a Humberto Millán. Se les llama "levantados" cuando nadie pide rescate por ellos [a diferencia de los secuestros] y aunque es común que después de unos días aparezcan sus cuerpos, a veces simplemente desaparecen.

Las mujeres jóvenes y bonitas también suelen desaparecer en México. A veces aparecen cuerpos, como sucedió en "el campo algodonero" de Ciudad Juárez. A veces no aparece nada y las familias siguen esperando que estén vivas, sanas y que un día regresen a casa. Van a parar a los prostíbulos (forzadas), son exportadas para explotación sexual, o simplemente son asesinadas y enterradas por ahí. Se supone que las autoridades las buscan, sin embargo, yo no he sabido de ninguna que hayan encontrado.

Están los relatos de varias mujeres al norte del país, cuyos esposos o hijos fueron arrestados en sus respectivos domicilios. Los militares se los llevaron y por más que preguntan (a cuánta autoridad les es posible), nadie les dice qué pasó con ellos. No hay cargos, no los tiene la policía, ni el ejército, ni la marina. Son los desaparecidos de los militares, cifra que va creciendo también.

Para coronar el espeluznante relato, están los migrantes [imagen tomada de aquí]. Esos desaparecen en masa. Los trenes en que viajan bajan la velocidad, y entonces surgen hombres armados a los lados del camino. Se llevan hombres, mujeres y niños. De hecho, se llevan a todo aquél que no alcance a brincar del tren y correr campo adentro para esconderse. Las macabras historias las cuentan los sobrevivientes, de cómo alcanzaron a huir, de cómo no pudieron huir y su familia tuvo que pagar un rescate para que no los mataran, de cómo vieron morir a quienes no tenían familia que pagara...

Uno de ellos narraba también un tambo lleno de ácido, en el que vió desaparecer los cuerpos de sus compañeros en el camino. Por eso recuerdo al Pozolero, ligado a la cifra de entre 4 mil y 20 mil desaparecidos [según investigación de Sanjuana Martínez, con link a su blog acá] y no puedo evitar pensar en la inmensa cantidad de personas esperando noticias de su familiar o amigo. Pienso en todos los testimonios de personas que afirman que preferirían encontrar el cuerpo, para resignarse y empezar a rehacer su vida... porque peor que saber que un ser amado murió (o fue asesinado), es no saber, porque el amor nos obliga a conservar la esperanza.

Puede que al final el gobierno gane la guerra. El presidente ha dicho que está dispuesto a afrontar los costos. Lo que es seguro, es que el costo ha sido inmensamente alto para todos aquéllos que han perdido a alguien, y que nunca nos preguntó si nosotros estábamos dispuestos a correr el riesgo y detonar la guerra. Al día de hoy, entre los asesinados y los desaparecidos, aquí nos faltan demasiados.

 [Actualización 11.8.25: El cuerpo de Humberto Millán ya fue localizado.]

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