"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

jueves, 22 de septiembre de 2011

Un candadito nos vamos a poner...

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El día de ayer (21 de septiembre) fueron liberados Gilberto Martínez Vera y María de Jesús Pagola. Llevaban en prisión desde el 30 de agosto [si mi búsqueda veloz en internet no me falla] acusados de "terrorismo", y fueron liberados bajo fianza (por una nueva ley publicada en velocidad récord). De hecho, lo que ellos hicieron fue usar sus cuentas en Twitter para publicar lo que creían que estaba pasando en Veracruz, es decir, que estaban secuestrando niños en las escuelas.

Se hubiera tratado de un asunto menor si los rumores hubieran sido ciertos. Twitter se ha usado muchísimas veces para advertir de narcobloqueos [bloqueos que los narcotraficantes realizan en carreteras o avenidas] o tiroteos. El problema es que la gente entro en pánico por falsos rumores (esta vez) y el gobernador del lugar [Javier Duarte, cuya cuenta de Twitter es @Javier_Duarte, por si quieren enviarle su opinión] declaró desde un inicio que esa "desinformación" tendría "consecuencias legales". Luego se encargó de que hallaran a dos personas que publicaron los mensajes, los acusó de terrorismo y los condenó a 30 años de prisión [lo digo en singular porque parece que él movió todos los hilos, como de costumbre sucede con la justicia mexicana].

Bueno, recordarán cómo se puso la red social con este asunto. Se trataba de 30 años de prisión en contra de dos personas que se equivocaron y enviaron información sin confirmar. Twitter es famoso precisamente porque la información que por allí circula es muy parecida a los rumores convencionales. La posibilidad de reenviar mensajes (es decir, el "retweet") implica tomar 140 caracteres ajenos y repetirlos. Los medios de comunicación masiva tienen el mismo problema cuando se trata de buscar el origen de la información, y todos podemos cometer errores en un mundo en el que la información está tan accesible (y tan vulnerable).

Hay que agregar además, que todos sabemos cómo están las cosas en México [por más que nos repitan una y otra vez que el asunto no es tan grave, que es por el bien de todos y que vamos ganando]. La verdad es que hay una gran diferencia entre publicar una mentira obvia [por ejemplo: el gobernador Duarte sabe lo que hace] y publicar una mentira que parece verdad, como en el caso de los ataques de narcotraficantes. Les dejo un par de verdades: en México hay quien secuestra niños [les dejo el link de una noticia aquí], han entrado a escuelas para matar [otra noticia acá] y hay grupos que se dedican específicamente a secuestros en masa [el gobierno mexicano insiste en que "no hay pruebas" de que eso suceda, mientras las ONGs dicen que es algo común... ja, yo les voy a las ONGs, ¿y ustedes?].

Tomando en cuenta todo esto, ¿cómo no salir corriendo a buscar a nuestros hijos si el rumor dice que están secuestrando niños? Si a mí llegara un rumor semejante, definitivamente lo pondría en Twitter, con un aviso en mayúsculas que advirtiera que se trata de un rumor... puesto que luego resultan ser ciertos y más vale prevenir. Supongo que mientras los medios insistan (la gran mayoría) en no informar de los acontencimientos como éste [para no "alarmar a la población"], la única manera de enterarnos cuando algo así sucede será por rumores.

[En este blog se han publicado también rumores. Siempre con la nota de que se trata sólo de eso. Hasta donde yo sé, hay muchas cosas de los políticos (y de sus nexos con los criminales) que también son rumores y que nunca se han probado... y tampoco se han descartado...]

Por si no fuera suficiente, recientemente aparecieron dos cuerpos en Tamaulipas, con un letrero que advertía que eso les pasaría a todos los "relajes" de internet [aterradora imagen tomada de acá]. Seguro lo encuentran en las noticias si buscan un poco. A mí esta muerte me ha resultado especialmente lamentable. Puede que fueran blogueros o tuiteros, y que hubieran publicado algo que a alguien le molestó [eso suele suceder con los periodistas en México]. También puede que nada tuvieran que ver, y que el mensaje fuera para intimidar (cosa que ya lograron).

Llamó mi atención la declaración del presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que pidió a las autoridades que "den tanta prioridad a este caso como a los de periodistas profesionales que son asesinados por ejercer su profesión" [cita tomada de acá]. Para ser sincera, yo creo que si las autoridades "dan tanta prioridad a este caso como a los de periodistas profesionales", entonces seguro quedará impune.

Entre las declaraciones de miedo que llegaron a mí en la semana, recordé una tonada que se cantaba en el kinder cuando yo era niña. Decía: "un candadito nos vamos a poner... el que se lo quite va a perder... 1... 2... 3" y se acompañaba siempre de un ademán en el que el profesor y los alumnos parecían cerrar su boca con un cierre invisible y lanzar la llave lejos. En el kinder funcionaba sólo por unos 5 minutos, porque después los niños nos íbamos olvidando del mentado candado y comenzábamos a hablar nuevamente. ¿Sería muy ilusorio esperar que esta vez se trate de una censura semejante?

martes, 13 de septiembre de 2011

Por la democracia

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Después de leer un rato el Yemen Times [un muy interesante proyecto del que seguro he tuiteado algo, y si no, lo haré pronto], me quedé pensando en lo mucho que están pasando las personas en Medio Oriente. Las revoluciones árabes no sólo reflejan el hartazgo de los regímenes autoritarios, sino que reflejan claramente el ansia por algo que muchos en Occidente ni siquiera imaginaban: una democracia.

Yo admito que en enero (2011) estaba asombrada cuando escuché de las protestas en Túnez. Leí sobre la gota que derramó el vaso y miré la foto atónita [fue Mohammed Bouazizi, que decidió inmolarse cuando entre todas las restricciones y la miseria, le tiraron su puesto de fruta]. Cuando Egipto siguió y pude ver las fotos de las protestas (gracias a Twitter y a los jóvenes que subían fotos a la primera oportunidad), no sólo estaba estupefacta, sino que sonreía cada que entre los titulares de los noticieros escuchaba algo como: Envían caballos y camellos a reprimir, pero las protestas continúan, o bien, Lanzan bombas de lacrimógeno pero los protestantes usan limones para aminorar los efectos.

Escuché por internet cuando Mubarak dió uno de sus discursos finales y dijo que no se iba. Estaba en el trabajo, y sentí ganas de aventar mi zapato hacia la computadora [según forma de protesta común por allá]. Muchas personas sufrieron por su ley de emergencia [espero recordemos eso si insisten en poner toques de queda en México], Khaled Said (cuya historia abordé en un post anterior, aquí) murió por ese poder que otorgó el dictador a policías ignorantes y la gente se encontraba en las calles [mujeres incluídas] para denunciar esos abusos y pedir democracia... sí, de esa que se supone que México tiene.

Por eso me quedo pensando cuando leo en el Yemen Times lo que los yemeníes esperan conseguir ahora que Ali Abdallah Saleh ha salido del país (con quemaduras en gran parte del cuerpo) y no se sabe si va a regresar. Al parecer Yemen espera quitar a toda la estirpe del poder (familia y amigos), para conseguir un sistema de gobierno justo que sí represente a todos. Estoy de acuerdo en que la democracia podría ser ese sistema y les deseo lo mejor al respecto. [Y de paso espero que Saleh no regrese, como muchos yemeníes.] 

En el caso de Libia, el dictador empezó (de plano) a matar a los manifestantes. El conflicto lleva meses (aunque afortunadamente parece acercarse a su fin) y aún escucho en el radio declaraciones de partidarios de él (de Muammar Gaddafi) que insisten en que los manifestantes son extranjeros bajo el influjo de drogas que quieren destrozar Libia y los principios que la han llevado a su gloria actual [con más o menos palabras, dependiendo de la persona]

Yo de verdad creo que la OTAN no hubiera intervenido en el conflicto de Libia, de no ser porque el abasto y los precios del atesorado petróleo pendían de un hilo. Pero no me crean tan fácil, mejor imaginemos que Libia no tuviera petróleo, y el dictador hubiera mandado hasta tanques para matar a los manifestantes; imaginemos que hubiera declaraciones de desertores del ejército libio que admitieron que se les ordenó entrar a las mezquitas para detectar opositores y dispararles al salir [recordando que las manifestaciones suelen ser después de la oración de los viernes]. Bueno, ahora imaginemos que Libia no se llamara Libia, sino Siria y creo que sabrían exactamente a qué me refiero con que la OTAN no hubiera intervenido.

Benazir Bhutto (cuya historia abordé principalmente en este post) explicaba algo que a mí me parecía aterrador. Decía que en Pakistán [país que también tiene un régimen tipo dictadura y en el que se metieron sin permiso los estadounidenses a matar a Bin Laden] la gente vive en extrema pobreza [menos de 2 dólares diarios, según Kalsoom (autora del blog: "CHUP! Changing Up Pakistan")] y quienes ayudan a esas familias son los extremistas islámicos. Para dar una idea más clara, sería como si el programa "Oportunidades" mexicano (link informativo aquí), lo dirigieran los grupos de la delincuencia organizada [no se rían, que no estamos tan lejos en ciertas regiones de la sierra].

Bhutto alegaba que el extremismo sólo puede combatirse dando opciones a esas familias y apoyándolas desde el Estado. Yo le creo... pero también creo que no va a bastar con una democracia de "mentiritas" [como la mexicana]. Necesita ser una democracia en serio, una en la que efectivamente mande el pueblo y el Estado proteja a las minorías que así lo requieran.

Ja, por eso me gustó tanto la foto de Mubarak que pongo al inicio (imagen tomada de acá). Creo que así ven los dictadores al pueblo (aún en la derrota), así ven los ricos a los pobres (salvo honrosas excepciones), y hasta hace muy poco, así veía Occidente al mundo árabe. Mis mejores deseos para estas transiciones.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Somos más


Hernández

Hoy estoy molesta y me disculparán, pero voy a aprovechar este blog para sacar mi rabia. Estoy harta de las campañas que hace el gobierno mexicano. Me molestó escuchar que el ejército saldría a las calles para combatir a los narcotraficantes (porque sabía el tipo de neandertales que lo conforman). Me molestó mucho escuchar que la violencia en México no era tan extrema, sino sólo cuestión de "percepción".

Detesté la broma del presidente sobre los "shots de Tequila" [en inglés la palabra "shot" igual significa "balazo" que "trago" de alcohol] y en general estoy hasta la coronilla de escuchar que todo irá bien y que esta guerra es de todos los mexicanos (aunque la declarara el presidente solito sin preguntar opiniones a nadie). [Para ilustrar esto, les dejo una caricatura de Hernández, monero mexicano, publicada en el periódico la Jornada el 10 de agosto de 2010. Se titula "Qué sociedad tan inconsciente" y aún en tiempos como éste, me saca una sonrisa. Link aquí.]

De hecho, yo no suelo ver televisión frecuentemente, sólo a veces por la noche antes de dormir. No sé si esa publicidad oficial es a toda hora, pero a mí me ha tocado casi todos los días el anuncio del quinto informe de gobierno [por el quinto año de los seis que les tocan a los presidentes en México], en cadena nacional. Me molestan los anuncios porque soy demasiado preguntona [será eso] y aunque me agrada que construyan carreteras, me gustaría la confianza para recorrerlas sin temor a retenes (narcos o militares) o a que se note que no soy de por allá [porque luego desaparecen a los que no son del rumbo].

Me agrada el seguro popular (al menos en principio), porque es una inversión para dar acceso a los servicios de salud a quienes antes no contaban con seguro social, y que generalmente tampoco tenían para atención médica privada. Sin embargo, escucho en las noticias de personas a quienes les tocan balas perdidas, y según entiendo, eso no lo cubre el seguro popular... así se tratara de los niños del camión escolar baleado recientemente en Huixquilucan.

Estamos en pleno caos. La policía y el ejército están infiltrados por criminales. Un grupo de personas le prende fuego a un casino, con un policía entre ellos. Los periodistas caen como moscas por todo el país. Los federales entran a las casas ya sin orden de cateo, para de paso robarse algunas cosas o llevarse a algún individuo para luego acusarlo de lo que se requiera. ¿Qué demonios sucede con alguien que a todo esto decide enviar más militares? ¿Qué pasa con un presidente que dice que los muertos son señal de que "vamos ganando"? ¿Es mitómano o de plano vive en otro país en donde entrar a una guerra con instituciones totalmente corruptas es buena idea?

A veces aún me sorprende la falta de respeto que tiene a las víctimas. No puedo creer que en lugar de pedir perdón por las cuantiosas muertes [así, "a secas"], se atreviera a convertirlo en un "coincido que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas, pero no por haber actuado contra los criminales" [cita tomada de acá]. Me deja perpleja su actitud infantil de defender su estrategia muera quien muera. Recuerdo a una madre de las víctimas de la masacre de Salvárcar, cuando arrancó la palabra y dijo entre otras cosas: "Le apuesto que si hubiera sido uno de sus hijos, usted se habría metido hasta debajo de las piedras y hubiera buscado al asesino, pero como no tengo los recursos, no lo puedo buscar" [ya buscada la cita, aprovecho para recalcar que es de Luz María Dávila].

Suelo discutir con mis conocidos de política. Alrededor del tema de la crisis y los jóvenes tentados por el dinero de la delincuencia, uno de ellos (estudiante de economía) decía algo así como: "pues sí, la economía mexicana avanza y mejoran sus ingresos, pero la cosa está tan desigual que si quitáramos a Slim [el hombre mexicano más rico del mundo, dueño de la telefonía mexicana], quedaríamos con el PIB (Producto Interno Bruto) de Zimbabwe." [No pretendo ofender a nadie de Zimbabwe, sólo expresar que las cosas en México tampoco van bien.]

Se supone que tenemos ahorita un "boom" poblacional, es decir, ahora nuestra tasa de natalidad va bajando y hay un grupo de jóvenes entrando a la edad activa (económicamente hablando) que pudieran dar el impulso que nuestra economía necesita... porque por un tiempo tendremos más personas en edad activa que niños y ancianos. Mucha gente está preocupada porque esos jóvenes no estudian ni trabajan (porque no encuentran trabajo y su nivel de conocimientos no alcanza para entrar a las escuelas públicas). Yo creo que ni debiéramos preocuparnos por ello [sarcásticamente hablando] porque la mayoría de los muertos en la guerra son parte de ese boom de jóvenes y no van a quedarnos muchos después de todo.

¡Eh! Pero hacía falta una gota que derramara mi paciencia. Esa gota cayó el 23 de julio (aproximadamente) y ha venido repitiéndose desde entonces una y otra vez en la publicidad oficial. La gota dice: "somos una abrumadora mayoría las mexicanas y los mexicanos que queremos vivir en paz” [cita tomada de acá]. Así lo dijo Felipe Calderón, el presidente que declaró la guerra en nombre de todos los mexicanos, el señor que sacó al ejército a las calles a hacer labores policiacas, el que por mucho tiempo afirmó que los muertos eran porque "se estaban matando entre ellos", y el que ahora da discursos de seguridad nacional aún frente a becarios de educación básica.

Escucho sobre su "abrumadora mayoría" mientras pasan por mi cabeza las noticias recientes de las periodistas asesinadas en Iztapalapa. [No recuerdo declaración suya sobre periodistas asesinados.] Me gustaría tenerlo cerca para gritarle al oído y ver si así entiende la situación de indefensión en que nos ha sumido: SOMOS MÁS LOS BUENOS,... PERO CADA VEZ SOMOS MENOS.
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