"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

domingo, 13 de noviembre de 2011

La sangre necesaria

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No he perdido la capacidad de asombro. Ha muerto otro secretario de gobernación de este sexenio. Escuchaba al presidente Calderón hablando de que se traería a los mejores expertos del mundo para averiguar qué había pasado en realidad y pensaba cuán diferentes serían las cosas si se investigaran con esas ganas los miles y miles de crímenes que suceden en el país.

A mí el secretario de gobernación Blake Mora no me agradaba. No soy hipócrita. Sin embargo, me interesa que comprueben que se trató de un accidente y no de algún tipo de sabotaje o ataque. Me interesa que las muertes sean explicadas y que se haga justicia si alguien tiene culpa. La diferencia en mi caso, es que estoy muy molesta por las tantas muertes sin explicación ni justicia, por los tantos y tantos asesinos confesos que salen en libertad y por las tantas personas en prisión por confesiones extraídas con tortura. Yo quisiera que ese deseo de investigación exhaustiva aplicara para cada una de las 50 mil muertes y para cada una de las cuantiosas desapariciones forzadas. Me gustaría que los policías que violaron mujeres en Atenco estuvieran pagando en la cárcel... pero trato de no hacerme ilusiones.

No tengo que imaginarme cómo se vería el presidente prometiendo justicia. Hay muchos videos en los que lo ha dicho. El problema es que no lo dice en serio. No creo que él mismo se lo crea. Tampoco creo que se imagine cuán molesto es escucharlo decir que en México la tortura no es sistemática, que el principal peligro para los mexicanos son los criminales organizados y que aquí se respetan los derechos humanos. Peor aún, a veces me imagino que sí sabe cuánto molestan sus declaraciones, y las dice sólo para molestar. [Aunque igual y estoy sobreestimando su inteligencia.]

Lo que sí he tenido que imaginarme es la cara de Natalia de Márquez [¿"de Márquez" será su apellido o usará el de su marido como en el siglo pasado?] cuando se encontró con el letrero de una protesta tan legítima como "No más sangre" [imagen tomada de aquí] y sintió el enojo acumulándose en su conservador cuerpecito. Yo digo que ella sí se cree el discurso y cree que el presidente declaró la guerra contra el narco porque era "necesario" [aquí recalco que es pura deducción mía, antes de que vayan a acusarme de difamación], así que no se aguantó y trató de acallar la protesta de la mejor manera que se le ocurrió.

Cuentan los reporteros que, en pleno festejo por el voto femenino, Natalia estaba en el coro que gritaba "fuera, fuera, no más abortos" [ja, sí, lo digo en serio], lo que significa que prefiere que los niños no deseados nazcan y vayan a parar a los brazos de madres que no los deseaban, o a ser dados en adopción [con los pocos que hay en México en dicha situación, y sin que vayan a ser adoptados por parejas homosexuales (obviamente)... digo, sólo para poner en contexto].

Entonces, Natalia tuvo una brillante idea, y en medio de la discusión vino a decir la declaración que le daría un lugar en la historia [al menos en la historia de las declaraciones que no requirieron usar el cerebro]. Dicha declaración dice así: "¡Se va a derramar la cantidad de sangre que sea necesaria con tal de acabar con el cáncer que está lacerando a este país!" [declaración textual tomada de acá].

Bueno, se habla de 50 mil asesinados, cada uno con entre 4 y 5 litros de sangre. Serían unos 225 mil litros de sangre. Suponiendo que los desaparecidos fueran unos 10 mil, y que de esos, unos 8 mil hubieran sido asesinados [lo siento, pero la verdad es que hay pocas esperanzas para la mayoría]. Sumamos y van unos 261 mil litros. Me faltan los torturados, cuya sangre ha quedado regada en los centros de detención clandestinos, esos que han sobrevivido a la tortura. ¿Qué les parece tomar unos 4 mil?, con un litro perdido por cada uno, y la cifra queda en 265 mil litros.

El presidente Calderón acaba de recibir el informe de Human Rights Watch, donde la impunidad es insultante. Declaró que su gobierno rechaza "nadar de muertito" en materia de seguridad. Jamás podré entender qué pasó por su cabeza para hacer semejante elección de palabras [podía haber dicho que rechazaba "hacerse pato" o "pasar de largo"]. Otros estudios dicen que en el combate no se ha avanzado, que nuevos cabecillas han tomado todos los lugares de los capturados o asesinados. Para mí las dudas son grandes, ¿cuándo tocaremos fondo? ¿cuánta sangre será la necesaria? ¿y cuántas lágrimas?

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