"La ropilla ya enferma del poeta, exhaló el último suspiro en aquella lucha." Victor Hugo

jueves, 6 de junio de 2013

La falda para patinar

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Justo hoy vine a encontrarme con el artículo traducido "Como se siente una mujer" [cuyo link dejo aquí]. No necesito explicar mucho sobre su contenido, porque allí mismo se indica de dónde viene y porque recomiendo ampliamente leerlo de pies a cabeza. A mí me puso a masticar, como es costumbre y, aunque no esté totalmente de acuerdo con lo allí plasmado, lo que leen a continuación es lo que he podido desmenuzar.

Resulta que hace un par de meses se me antojaron unos patines. No había patinado desde hace (no recuerdo cuántos) años, pero recordé de inmediato cuánto me gustaba y el buen ejercicio que implicaba. Tardé poco, ahorré, y me compré unos patines en línea para adulta. Suponiendo que iba a caerme muchas veces antes de volver a dominarlo, compré también rodilleras, casco, muñequeras y coderas, respiré hondo y salí a probar cerca de casa (acompañada).

Con las coderas, el casco y las muñequeras no hubo problema. Blusa de manga corta y peinado bajo permitían colocarlos en su lugar. El problema fueron las rodilleras. Mis pantalones de ejercicio no eran lo suficientemente ajustados para ponerlas encima, ni lo suficientemente amplios para ponerlas debajo. Patiné sin ponérmelas un par de semanas y luego me decidí, ahorré, y me compré una falda para patinar (es decir, una falda para tenista, que me sirve bien para patinar). Ahora voy más o menos como la mujer de la foto (la de la izquierda, con blusa decorada sin mangas, minifalda de mezclilla y equipo de protección). [Foto tomada de acá.]

Después de salir así al parque un par de veces (también acompañada), ayer por la tarde decidí salir a dar una vuelta a una explanada cercana (esta vez sólo en compañía de otra mujer). Al primero que se me quedó viendo, le pregunté qué quería, así que dejó de hacerlo. [Aaargh, desde allí me molesté un poco.] Luego pasamos por un grupo de cuatro varones y justo a medio camino, uno le preguntó a otro: "¿Estás parado?", a lo que yo giré y respondí: "Será parado del cerebro, se le nota en la baba" [francamente harta].

Antes de volver a casa, me dijeron algo (que ya olvidé) desde un auto en movimiento, me dijo "preciosa" un hombre desde un auto estacionado [curiosamente rotulado con el mismo logo de la empresa frente a la que estaba... por lo que deduzco que allí trabaja] y un par de varones que estaban sentados cerca de donde patinábamos se cambiaron de lugar a uno desde el que nos miraban casi de frente. [Por fortuna la compañía me tranquilizó y no regresé alterada.]

Estoy consciente de que no tengo mucha paciencia para tipos que disfrutan mirándome lascivamente o diciéndome cuán hermosa les parezco. No sé por qué habría de soportar o ignorar a uno sólo que decida comunicarme lo que opina de mi cuerpo. Entiendo que hay mujeres a las que les importa más agradar a la vista de otros que agradarse a sí mismas. Entiendo que hay mujeres que trabajan precisamente embelleciendo la vista de stands de exposiciones, como edecanes o como modelos. Lo qué no entiendo es dónde está la confusión al respecto. Yo no soy una mujer de ornato y mi apariencia personal es la que a mí me satisface, muy a pesar de los demás.

A decir verdad, hace años pasé muchas horas meditando al respecto. Fue cuando buscaba trabajo y me preguntaba si conseguiría que me contrataran sin maquillaje, sin medias y sin zapatos altos [siendo que de hecho no poseo ninguno de los tres]. Una entrevistadora una vez me dijo que no debía "haber ido a la entrevista con tenis", cuando lo que yo traía eran zapatos negros de piso, bien boleados. Le dije que eran zapatos y dijo que ella a esos los llamaba "tenis".

Ahora voy al trabajo en pantalón de mezclilla y blusa o camisa, a veces con saco y a veces con tenis... [Yo no escogí el tipo de ropa. En mi caso, siendo un ambiente de varones, decidí copiarles el estilo y funcionó.] Por eso me fijo todavía en las mujeres que viajan en el metro conmigo, en los vagones generales y lejos de los vagones "para mujeres" [que considero sexistas]. Veo a las que vienen realizando verdaderas obras de arte para lucir un rostro terso y saludable; veo a las que transbordan con tacones tan rápido como les es posible y me pregunto: ¿esa en qué trabajará? ¿le exigirán el atuendo escotado o será que ella lo escogió?...

Una vez le pregunté a mi madre sobre si en su trabajo le habían exigido que se pintara las uñas o había sido por gusto. Me dijo que tenía que "ir arreglada" y que para ella, "arreglada" incluía uñas pintadas y zapatos de tacón. El tema surgió precisamente porque vimos un esmalte que afirma aclarar las uñas amarillas (es decir, reparar lo que años de esmalte provocan).

"Arreglarse", de acuerdo a las convenciones sociales de la Ciudad de México, implica un sacrificio considerable de dinero, de tiempo y de salud [por desgracia]. La piel que usó maquillaje por años se nota algún día, igual que los dedos de pies que usaron tacones por años e igual que las piernas que se rasuran. Por supuesto que hablo sólo de "arreglarse" siendo mujer. Para los hombres, la convención social no exige que sean agradables a la vista. Se dice que un hombre debe ser "feo, fuerte y formal"... y punto.

Justo ese ha sido mi conflicto con la sociedad en la que vivo. Sé que no serviría que fuera fea, fuerte y formal, pero me molesta que limpia, ágil y saludable no baste. En cuanto a mi complexión física no suelo tener problemas, pero sé exactamente [así como les aseguro que toda mujer sabe] qué tendría que cambiar para ser físicamente perfecta.

A mí me enseñaron a no brincar con falda [lo que impidió que jugara baloncesto en el recreo con mis compañeros de la secundaria], a no decir malas palabras [cosa que he tenido que arreglar para mi vida profesional] y a no ensuciarme las manos [siendo que meterlas a las máquinas me encanta]. Mis compañeros se cambiaban de camiseta en el salón de clases mientras yo me sonrojaba si mi falda se alzaba. Una vez llegué perturbada a clase porque un hombre me había agarrado por la espalda para tocarme los senos. Pasé días pensando en eso, para terminar riendo cuando uno de mis compañeros rozó accidentalmente el trasero de otro, y éste le gritó: "Oye, está bien, ya sé que estoy buenísimo". Desde entonces decidí no molestarme por miradas fijas o saludos, sino sólo cuando la agresión fuera directa.

Yo estudié con varones y lo disfruté muchísimo. Mis amigos siempre han sido varones. Trabajo con varones casi exclusivamente y me encanta. Sin embargo, para llegar a este punto en el que soy una mujer orgullosa de sí misma, que no esconde pastillas para cólicos ni tampones, he pasado años de quitarme penas y prejuicios estúpidos. [Incluso he enseñado sobre tampones a mis conocidos.] Adquirir confianza sobre mi sexualidad me tomó otro tanto.

En el trabajo me hacen burla por ser mujer... en la medida de lo posible, pero no es mayor que la que le hacen a uno por chaparro, a otro por hablar raro, a otro por pelón, a otro por americanista (aficionado del equipo de fútbol) y a otro por tardarse demasiado en el baño. No puedo quejarme.

Yo no sólo soy mujer, sino que soy una mujer sexualmente activa (y sin hijos) en un trabajo tradicionalmente masculino (para el que me defiendo bastante bien). Soy una mujer convencida de que (aunque fuera desnuda) nadie tendría por qué tocarme sin mi permiso; una que sabe que no está tan mal como otras (en otros lugares del mundo), pero que ambiciona estar MEJOR; una mujer que sabe que el día que se resigne a aguantar los comentarios, que use blusas sin escote para no provocarlos o que se crea su idea de "arreglada"... vamos, el día en que deje de usar rodilleras porque la falda de patines hace que me digan estupideces, nadie habrá ganado (porque a ellos les vale), pero habré perdido yo.

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